En las aulas, se provoca el aprendizaje con independencia de si se necesita o no. Tradicionalmente, se ha dado en ellas aprendizaje “por si acaso” (“just-in-case”). ¿Cuántos profesores no le han dicho a sus alumnos que podrían necesitar lo que hoy están aprendiendo en algún hipotético momento del futuro? ¿Cuántos alumnos no se han desanimado al pensar en la probabilidad de que vayan a necesitar precisamente esa clase o, lo que es peor aún, si conseguirán recordarla cuando realmente les resulte útil?
Los diseños tradicionales de las aulas: estudiantes en silencio sentados en sus pupitres, clases divididas por tabiques, etc., no favorecen, en modo alguno, que los estudiantes puedan aprender observándose y ayudándose mutuamente. Sin embargo, los diseños actuales de los puestos de trabajo actuales si que favorecen este tipo de actitudes: las personas realizan su trabajo de una determinada manera y ajustan su desempeño comparando su propio rendimiento con la forma en la que otras personas realizan tareas similares. Estos ajustes continuos se han convertido, en cierta forma, en un estándar de trabajo, llegando, incluso, a formar parte de los ciclos de mejora continua impulsados por las organizaciones para la mejora de la calidad y el rendimiento. Asimismo, los trabajos colaborativos y los grupos de mejora contribuyen a que las personas descubran continuamente nuevas formas de ejecutar su trabajo (a medida que va cambiando la tecnología, los requerimientos de los clientes o, simplemente, la productividad requerida) en una mezcla continua de trabajo y aprendizaje. Se trata de lo que los expertos han bautizado con el pomposo nobre de “aprendizaje social” (social learning).
La formación debe adaptarse a este tipo de entornos e integrar los conocimientos o contenidos requeridos justo cuando se necesitan (“just-in-time”) dentro de las actividades realizadas en ese preciso instante. Gracias a los dispositivos móviles y a Internet ya no es necesario memorizar información “por si acaso” se precisa en algún momento. El aprendizaje se puede centrar en prover soluciones y en cómo integrar nuevos conocimientos y habilidades en el comportamiento diario.
Sin embargo, la tarea no es fácil. Los profesores e instructores deben preparar actividades lectivas que incentiven que los alumnos descubran por si mismos los conceptos que deben aprehender, pasando de tareas explicativas o enunciativas a actuar como guía experto para estimular la aplicación práctica de los cambios que implican esos mismos conceptos.
En InGaFor tenemos siempre presente nuestro papel en la sociedad, valorando en cada toma de decisiones nuestra posible contribución al bienestar y al crecimiento económico. La empleabilidad de nuestros alumnos es, siempre, una de nuestras principales preocupaciones. Nuestros planes formativos están diseñados para ayudar a empresarios y trabajadores a ser más competitivos y a innovar continuamente en productos, en servicios, en modelos de negocio y, en general, en todos los ámbitos dónde los trabajadores del conocimiento son cada vez más necesarios.
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